Sònia Valiente: «Quería que más allá de los crímenes, lo que te enganche sea el alma de los personajes»

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Sònia Valiente, escritora y periodista.

Sònia Valiente, escritora y periodista.

La escritora Sònia Valiente regresa con El reloj del fin del mundo (Plaza&Janés, 2025) y lo hace pisando fuerte; con una segunda edición a escasas semanas de su lanzamiento, avalada por crítica y público.

Charlamos con Valiente sobre su novela más ambiciosa. Escritora y periodista, Sònia Valiente (Valencia, 1975) es una voz singular dentro del thriller comercial en español. Su sensibilidad narrativa la ha llevado a explorar historias que combinan lo emocional con el misterio. Tras su debut literario con Veintitrés fotografías, regresa con El reloj del fin del mundo (Plaza & Janés, 2025), una novela negra de ritmo trepidante que nace de una experiencia personal: una visita a la misteriosa Laguna Negra de Soria. Allí, en un paisaje cargado de simbolismo, comenzó a gestarse esta historia que nos habla del olvido, el poder y el deseo.


La vida la ha sacudido: un divorcio, una familia que ya no es, una identidad que se ha diluido. Y entonces la lanzo a una situación completamente anómala, a un entorno extraño, con un caso de asesinato, con secretos. Ver cómo reacciona, cómo se reconstruye, cómo decide seguir… fue muy emocionante de escribir. Lourdes es muchas mujeres que conozco. Todos somos un poco Lu.

Sònia Valiente con su libro El reloj del fin del mundo.
Sònia Valiente con su libro El reloj del fin del mundo.

Entrevista a Sònia Valiente

¿A qué retos te enfrentaste al escribir un thriller con tantos elementos de intriga y misterio?
Muchos (risas). El principal fue mantener el equilibrio. Tenía claro que quería que la historia tuviera muchas capas: crimen, cuestiones éticas, España rural… pero todo eso tiene que encajar de forma orgánica, sin que parezca que estás metiendo ingredientes por meter. Además, la historia es oscura, y no quería que el lector se perdiera en la
sucesión de crímenes. Quería que siempre hubiera un hilo emocional fuerte. Que más allá del misterio, lo que te enganche sea el alma de los personajes.

¿Cómo lograste equilibrar los temas de deseo, poder y olvido en la narrativa?
Son temas constantes en mi narrativa. El deseo de recuperar lo que ya no está, el poder de la tecnología, el olvido como mecanismo de defensa… están todos entrelazados. Creo que vivimos en una sociedad que no quiere recordar: ni el pasado político, ni las heridas emocionales, ni lo que perdemos con cada avance. En la novela, esos temas se expresan a través de los personajes, de sus decisiones, de sus silencios. No hay respuestas cerradas, porque la vida tampoco las da.

La importancia del ‘Caso Dorado’ en la trama

¿Qué papel desempeña el «Caso Dorado» en el desarrollo de la trama?
Es el desencadenante. Un becario aparece muerto en la Laguna Negra, y Lourdes, que está allí de forma temporal, queda implicada en la investigación. A partir de ahí, todo se enreda: su vida, su pasado, la historia del pueblo, los secretos del reloj… el Caso Dorado es el hilo del que tiras y descubres un tapiz enorme lleno de símbolos, traiciones, miedos.

¿Cómo describirías la evolución emocional de Lourdes a lo largo de la novela?
Empieza muy rota. Está desconectada de sí misma, de su hija, del mundo. La separación la ha dejado en una especie de limbo. Pero a medida que se ve obligada a enfrentarse a lo que ocurre, a investigar, a sobrevivir… empieza a reconectarse. Con sus deseos, con su dignidad, incluso con su rabia. Al final no es una mujer distinta,
pero sí más consciente. Más despierta. Y más libre.

¿Cómo fue el proceso de investigación para construir el ambiente y los detalles de la novela?
Fue muy estimulante. Además del viaje físico a la Laguna Negra y a algunos pueblos de Soria, me documenté mucho sobre IA, el origen del Doomsday Clock, desapariciones rurales, leyendas… Me encanta investigar. Creo que una novela se nota cuando está bien «cocida», cuando se ha hecho con mimo. Incluso si luego el lector no se da cuenta de todos los detalles, eso queda en el ambiente.

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¿Qué diferencia a El reloj del fin del mundo de tus obras anteriores, como Veintitrés fotografías?
Veintitrés fotografías también era un thriller, pero, quizá, una historia más íntima, más centrada en las relaciones humanas y en los recuerdos. Esta nueva novela es más ambiciosa en cuanto a trama, estructura, temas. Tiene más ritmo, más giros. Pero creo que ambas tienen algo en común: la pregunta de quiénes somos cuando lo que creíamos seguro desaparece. Me interesa mucho esa grieta, ese momento en el que la identidad se tambalea.

La influencia de Dolores Redondo y Agustín Martínez

¿Qué influencias literarias o cinematográficas te inspiraron al escribir esta novela negra?
Black Mirror fue una influencia clara. Me fascina cómo mezcla tecnología con cuestiones muy humanas. También hay algo de las novelas de Dolores Redondo, de María Oruña, Agustín Martínez en el uso del paisaje como fuerza narrativa.

¿Cómo manejaste la tensión narrativa para mantener al lector enganchado hasta el final?
Con mucho trabajo y mucha reescritura. Soy muy consciente del ritmo. Me gusta que el lector no pueda soltar el libro, pero sin que se sienta manipulado. Creo tensión jugando con lo que el lector sabe —y con lo que cree saber—. Y también a través del lenguaje. El estilo debe acompañar la atmósfera: si es oscuro, que pese; si es revelador, que respire.

¿Crees que es una novela que podría acabar siendo una película o serie de éxito en televisión?
La verdad, me encantaría. Creo que tiene muchos ingredientes visuales y narrativos para funcionar bien en pantalla: la Laguna Negra, la intriga, los flashbacks, el personaje femenino fuerte… Pero bueno, primero tiene que conectar con los lectores. Si ellos lo ven, quizás alguien más también lo vea.

Nota de la autora:

Sònia Valiente explica que el germen de El reloj del fin del mundo surgió de una escapada a la Laguna Negra de Urbión en octubre de 2021. La magia del lago glaciar me atrapó. Durante aquel viaje, aún no lo sabía, una idea fue anidando en mi cabeza. Tenía que ver con la incapacidad de olvidar a quienes nos han marcado, a aquellos que nos impiden pasar página. La asociación con Los puentes de Madison fue inmediata.

Sabía que tenía algo de lo que tirar: agua, puentes, magia y Los imborrables, título provisional con el que trabajaría. A mi regreso a Valencia comencé a documentarme: visitar con discreción tiendas de esoterismo, hacerme con manuales de lectura del tarot… Mientras tanto, mi novela Veintitrés fotografías veía la luz.

Finalmente, entregué el manuscrito a mi agencia en junio de 2024. Meses después, los acontecimientos del 29 de octubre de ese año nos demostraron que la realidad puede ser infinitamente más cruel que cualquiera de las ficciones imaginables.

Deseo de corazón que El reloj del fin del mundo sirva de evasión y abrazo a los valencianos. No se me ocurre nada más tempestivo que luchar contra el olvido.

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