Visitamos Origen, el restaurante de Àlex Vidal en Carcaixent: memoria, territorio y Estrella Michelin

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El chef Àlex Vidal triunfa en Carcaixent con el restaurante Origen, que reivindica la memoria gastronómica valenciana.

Almuerzo valenciano cacao, ensalada y salmuera del restaurante Origen (Carcaixent, Valencia). Tragourmet.

Almuerzo valenciano cacao, ensalada y salmuera del restaurante Origen (Carcaixent, Valencia). Tragourmet.

Autora: C. Jorge.

Volver a la raíz. Regresar a la tierra que te vio crecer después de haber recorrido cocinas y culturas tan distintas como las de Singapur, México, Austria, Reino Unido, Cataluña, Castilla-La Mancha o el País Vasco. Ese viaje de ida y vuelta es el que ha emprendido el chef de Carcaixent Àlex Vidal al frente de Origen, un restaurante que ha convertido el territorio y la memoria gastronómica valenciana en el eje de su propuesta. El establecimiento, del que Vidal es copropietario junto a su amigo y vecino, el futbolista profesional David Timor, consiguió una Estrella Michelin en la gala de 2024 y logró renovarla al año siguiente. Y en 2026. Además, tiene 1 Sol de la Guía Repsol 2026.

La historia de Vidal, sin embargo, comenzó lejos de los reconocimientos. A los 16 años llegó a la hostelería casi como quien encuentra un camino inesperado. Hasta entonces, sus inquietudes apuntaban hacia la filología catalana o incluso hacia el mundo del arte, la interpretación y el humor. Terminó estudiando hostelería en Cullera y dando sus primeros pasos profesionales en El Caramelito de Alzira, en su Ribera Alta natal.

Fue allí donde descubrió que detrás de los fogones había mucho más que una profesión. La cocina le ofrecía creatividad, libertad y la posibilidad de viajar sin necesidad de abandonar los fogones: cada plato podía ser una puerta de entrada a un territorio, una cultura o una forma diferente de entender el producto. Y Vidal decidió cruzarlas todas.

Su recorrido profesional le llevó a conocer cocinas muy diferentes y a trabajar junto a algunos nombres que marcarían su manera de entender el oficio. En el País Vasco pasó por Belaustegi, en Elgoibar (Guipúzcoa), con el chef Josu Muguerza, donde profundizó en el valor de la cocina tradicional y en la importancia del producto de proximidad. Más tarde trabajó con Raúl Resino, una etapa en la que interiorizó el valor de la disciplina y la precisión. Antes de regresar a Carcaixent para poner en marcha su propio proyecto, asumió también los fogones de Casa Elena, en Castilla La Mancha.

Todo ese equipaje —técnica, viajes, disciplina, memoria y territorio— acabaría confluyendo en Origen.

La tierra como punto de partida

Origen se plantea como un espacio gastronómico sostenible que busca poner en valor la riqueza del producto local. Sus tres menús —Carcaixent, Origen y Ternils— recorren un mismo paisaje culinario y combinan tradición, creatividad y reinterpretación.

Aquí la cocina no pretende reproducir el pasado, sino dialogar con él.

La experiencia, que se prolonga durante unas tres horas, comienza precisamente con uno de los rituales más reconocibles de la gastronomía valenciana: el gasto del almuerzo. Cacaos, ensalada y salmuera aparecen convertidos en tres bocados que conservan la esencia de aquellos sabores cotidianos, pero que se presentan desde una mirada contemporánea. Colores, texturas y matices se concentran en pequeñas piezas que funcionan como una declaración de intenciones: en Origen, la memoria no es un elemento decorativo, sino la materia prima sobre la que construir.

Después, en el menú que da nombre al local, llegan los snacks: queso de Callosa d’en Sarrià con melocotón, romero y piñones; sobrasada del mercado con miel y cebolla valenciana. El escenario tampoco es casual. Se sirven sobre un árbol escultórico que evoca los naranjos de Carcaixent, cultivo emblemático de la historia agrícola de la Ribera Alta. El territorio empieza así a ocupar también el espacio.

Plato Arroz DO Valencia, del restaurante Origen (Carcaixent). Tragourmet.
Plato Arroz DO Valencia, del restaurante Origen (Carcaixent). Tragourmet.

Cinco platos continúan el recorrido por ese imaginario gastronómico valenciano colectivo. Una quisquilla de Santa Pola con escabeche de montaña; la reducción de un puchero acompañada de pelota de carne y col; el popular “Amparín”, homenaje a una tapa de la localidad, con sepia, ajo puerro y cacaua de La Costera; un arroz de galera, acelga, judía y naranja; y, finalmente, una pieza de bovino joven cocinada buscando ese punto preciso en el que la carne alcanza su máxima expresión.

Plato bovino joven. Restaurante Origen. Tragourmet.
Plato bovino joven. Restaurante Origen. Tragourmet.

Son elaboraciones que parten de referencias reconocibles para llevarlas a otro lugar. Vidal trabaja con sabores que forman parte de la memoria colectiva valenciana, pero los somete a un ejercicio de depuración, técnica y creatividad. En ese diálogo entre lo conocido y lo inesperado resuena aquella idea atribuida al compositor austríaco Gustav Mahler: “La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la transmisión del fuego”.

Y ese fuego sigue vivo.

Un viaje que termina en la infancia

El recorrido dulce continúa explorando la memoria. Los postres conducen al comensal hacia un territorio más íntimo, el de la infancia, a través de sabores vinculados a las higueras o a ese sencillo e imborrable placer del pan con chocolate.

El último gesto llega de la mano del propio chef, que abandona por unos instantes la cocina para acercarse a la mesa. Es también una manera de cerrar el círculo y establecer una relación más directa con quienes han recorrido su propuesta.

Tres pequeñas delicias dulces, inspiradas en elaboraciones populares como el tocino de cielo, la algarroba o la calabaza, ponen el punto final. Son bocados de apariencia delicada, trabajados desde la técnica y la textura, pero que vuelven a mirar hacia atrás en busca de sabores reconocibles. Porque, en Origen, regresar al pasado no significa quedarse en él.

La responsabilidad de una estrella

Vidal sabe que llegar es una cosa y mantenerse, otra muy distinta. Una Estrella Michelin no solo reconoce un momento: también introduce una exigencia permanente de calidad, regularidad y evolución. El chef es consciente, además, de la particular responsabilidad que supone defender este reconocimiento desde un proyecto asentado fuera de los grandes centros gastronómicos y convertido en referencia de su territorio.

Su experiencia previa probablemente contribuye a mantener esa perspectiva. Antes de Origen, Vidal fue jefe de cocina de Sents, en Ontinyent, restaurante dirigido por los hermanos Joaquín y Santiago Prieto. El establecimiento consiguió su Estrella Michelin en 2017 y logró renovarla año tras año hasta su cierre en 2021. Quizá por eso, pese al reconocimiento alcanzado, Vidal mantiene los pies en la tierra.

Al fin y al cabo, su cocina habla precisamente de eso: de la tierra. De Carcaixent, de la Ribera, de los mercados, de los almuerzos, de los productos que forman parte de una memoria compartida y de una tradición que solo permanece viva cuando alguien se atreve a reinterpretarla.

Después de recorrer medio mundo, Àlex Vidal ha encontrado su lugar mirando hacia casa. Y en ese regreso está, precisamente, el origen.

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