El último ritual antes de empezar las vacaciones no es hacer la maleta
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Cada vez más personas reconocen que no consiguen desconectar del todo hasta que sienten que su casa está protegida. Un estudio analiza esa relación y por qué el hogar sigue siendo uno de los principales refugios emocionales incluso cuando estamos a miles de kilómetros.
Las vacaciones empiezan mucho antes de llegar al destino. Para muchas personas, el verdadero cambio no ocurre al subir al tren o al avión, sino unos minutos antes, cuando cierran la puerta de casa por última vez y dejan atrás la rutina.
Es un gesto cotidiano, casi automático, pero también profundamente simbólico. Marca el paso entre el ritmo acelerado del día a día y ese tiempo en el que esperamos desconectar de las obligaciones, las prisas y las preocupaciones habituales. Sin embargo, esa desconexión no siempre llega al mismo ritmo que el viaje.
El Pulso de Tranquilidad, elaborado por Point Fort Fichet, refleja precisamente esa relación entre hogar y bienestar. Según el estudio, el 76,8% de los españoles afirma sentirse tranquilo cuando pasa varios días fuera si sabe que su vivienda está protegida, un dato que pone de manifiesto la importancia que tiene la tranquilidad del hogar también cuando estamos lejos de él.
La investigación muestra además que el 58,4% de los españoles encuentra en casa su principal fuente de tranquilidad después de un día estresante, por delante de otras formas de desconexión, mientras que el 41,4% afirma que solo encuentra verdadera tranquilidad en su hogar.

El hogar también forma parte del viaje
La forma en la que comenzamos unas vacaciones dice mucho de cómo vivimos nuestro día a día. Antes incluso de pensar en el destino, muchas personas necesitan la sensación de que dejan atrás un entorno estable y protegido para poder disfrutar plenamente del descanso.
Como explica Ángel Borobia, director de exportación de Point Fort Fichet, «el hogar actúa como el único entorno donde se combinan tres factores clave: pertenencia emocional, ausencia de exigencia externa y sensación de control. Esa combinación es la que explica por qué se percibe como el principal espacio de tranquilidad».
El estudio también pone de manifiesto un contexto más amplio: el 85% de los españoles considera que hoy vivimos más preocupados que hace diez años, una percepción que ayuda a entender por qué cada vez concedemos más importancia a aquellos espacios donde conseguimos bajar el nivel de alerta y recuperar la calma.
Cuando una reflexión salió a la calle
Las conclusiones del Pulso de Tranquilidad sirvieron de punto de partida para La Cabina de la Tranquilidad, una intervención urbana que Point Fort Fichet instaló recientemente en el Intercambiador de Plaza de Castilla (Madrid). Durante una jornada, los ciudadanos pudieron entrar en un espacio diseñado para detenerse unos minutos, aislarse del ruido exterior y experimentar la sensación de tranquilidad asociada a sentirse protegido en casa.

La iniciativa nació como una forma de convertir en una experiencia tangible una de las principales conclusiones del estudio: que el hogar ha dejado de ser únicamente un espacio físico para consolidarse como un refugio emocional y un lugar al que las personas asocian la calma, el descanso y la desconexión.