Así nació la costumbre de comer castañas en la calle en Navidad
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Las castañas asadas forman parte del paisaje urbano de la Navidad en España. Más allá de los grandes menús, son el snack callejero más tradicional. Se venden en cucuruchos de papel. Se disfrutan calientes. Se convierten en un símbolo de invierno.
Castañas asadas: un origen humilde
Su origen es humilde. Las castañas han sido alimento básico durante siglos. En zonas rurales eran esenciales. Sustituían al pan en épocas de escasez. Se cocinaban de muchas formas. Pero asadas eran las más populares.
Con el tiempo, la tradición llegó a las ciudades. Los puestos de castañas se instalaron en las calles. El humo de las brasas se mezcló con el frío del invierno. El aroma se convirtió en parte del ambiente navideño.

Castañas asadas en cucurucho que se comen caminando
Hoy, pasear por Madrid, Barcelona o Sevilla en diciembre es encontrarse con esos puestos. El ritual es siempre el mismo. Se compran castañas en cucurucho. Se pelan con cuidado. Se comen mientras se camina. Es sencillo. Es cálido. Es auténtico.
Los boniatos asados
Además, no solo se venden castañas. También boniatos asados. Son dulces, suaves y muy nutritivos. Se sirven igual, en papel. Se convierten en la alternativa perfecta.
Lo interesante es que esta tradición ha sobrevivido a los cambios. A pesar de la llegada de dulces modernos, las castañas siguen ahí. Compiten con turrones, polvorones y bombones. Pero mantienen su lugar. Porque ofrecen algo distinto. Ofrecen cercanía. Ofrecen nostalgia.
Este manjar, las castañas asadas, son también un símbolo de ocio. No se comen en casa. Se disfrutan en la calle. Se convierten en parte del paseo navideño. Se asocian con luces, mercados y villancicos. Son parte de la experiencia completa.
Beneficios para la salud de comer castañas asadas
Las castañas son ricas en vitaminas, minerales y antioxidantes. Contienen vitamina C, vitaminas del grupo B y minerales como potasio, magnesio y hierro. Estos nutrientes ayudan a fortalecer el sistema inmunológico, mejorar la energía diaria y mantener una piel más saludable. Además, su aporte de antioxidantes contribuye a proteger las células frente al envejecimiento prematuro.
Otro beneficio clave es su efecto sobre el sistema cardiovascular. Las castañas son bajas en grasas y aportan carbohidratos de absorción lenta, lo que ayuda a mantener estables los niveles de glucosa en sangre. También son hipotensoras, es decir, ayudan a reducir la presión arterial, favoreciendo la salud del corazón y la circulación. Por eso se consideran un alimento ideal para quienes buscan cuidar su salud cardiovascular durante el invierno.
Finalmente, las castañas asadas son una excelente fuente de fibra dietética. Esto favorece la digestión, ayuda a prevenir el estreñimiento y genera sensación de saciedad, lo que puede ser útil para controlar el apetito. Además, su perfil nutricional las convierte en un alimento reconfortante y energético, perfecto para combatir el frío y recuperar fuerzas tras el esfuerzo físico o épocas de estrés.
Los puestos de castañas son también parte del paisaje turístico. Los visitantes los fotografían. Los incluyen en sus rutas. Se convierten en recuerdo típico. Igual que las luces o los belenes.
Por otro lado, las castañas tienen un valor cultural. En Galicia, Asturias o Cataluña existen fiestas dedicadas a ellas. Se celebran magostos. Se encienden hogueras. Se comen castañas en comunidad. Es una forma de mantener viva la tradición.
Por tanto, los castañas asadas son mucho más que un snack. Son historia. Son cultura. Son ocio. Son gastronomía. Y, sobre todo, son un símbolo de la Navidad en España.